Happy

Chulísima

Chulísima es un restaurante típico poblano donde el tema central de sus platillos es la carne árabe. De la mano del Dr. Genaro Ramírez, el restaurante nace con el nombre Oasis en 1993, y cabe mencionar que empezó siendo una taquería de mucho prestigio y auge por la comunidad poblana, gracias al sabor y la sazón de la carne. Hoy en día, Chulísima integra en su menú una gran variedad de platillos con base en la carne árabe, además de complementarlo con otros platillos que provienen de un hogar típico de Puebla.

Desarrollamos una comunicación que hablara de la nostalgia vivida por la comida familiar y la sazón de generaciones atrás. Todo lo que va incluido en los platillos y que trae recuerdos y memorias al momento de probar la comida. Debíamos llevar todos esos conceptos a cada punto de la identidad de la marca, desde el nombre hasta los espacios ambientales.

Es en Puebla donde los sabores y los aromas nacen y se hacen. Una ciudad que se sabe y se disfruta, por su gente y su comida. Es aquí donde hay familias de tradición que llevan la sazón en la sangre. Porque Puebla no es chula, es Chulísima.

La propuesta de diseño retoma el estilo espectacular y desenfadado de la gráfica popular de antaño. Los elementos visuales son semejantes a los dinámicos brochazos que daban forma a los rótulos de los marcas y comercios de hace unas décadas. El icono que pertenece al logotipo, representa a una hermosa joven que porta una vestimenta tradicional y muestra una gran sonrisa. La imagen, que está contenida en un envolvente circular, recuerda a las ilustraciones que fueron muy populares a mediados del siglo pasado y se denominan “pin up”. Hace alusión, por supuesto, al nombre de la marca.

Memorias y delicias.

Todos las tardes de hace veintitantos años, abarrotadas de historias, nunca olvidaré las incontables veces que escuchaba a mi madre decir “ya bajen a comer”. Para muchos siempre fue un tema latoso, para mis hermanos y para mi se trataba de una nueva manera de experimentar amor, porque eso es la comida: amor.

Saber que mi mamá había preparado su especialidad, carne árabe acompañada de una suculenta sopa de lentejas, que nos faltaban dedos para saborearnos hasta el fondo del plato. Hace veintitantos, escuchar la voz de narrador cantando un gol, mi papá festejando con su refresquito y mi mamá sonriendo como siempre. No se necesitan millones para ser millonario, nosotros los somos con las millones de anécdotas que hoy se convirtieron en historias empapadas de risas y sonrisas, de anhelos y de nuevos bríos. No sólo es la comida, que aunque no es como ninguna otra, se trata de esas memorias que saben, que se saborean, que todos los días debemos revivir.

Con la bienvenida en la mano y un taco en la otra, ésta es tu casa, una casa que cuenta tantas historias y tantas que están por venir. Hace veintitantos años que todo inició aquí, en esta casa, donde yo viví y que hoy se vuelve tuya. Come, disfruta y cuéntanos.